El contexto internacional tampoco ayuda. Las tasas largas de Estados Unidos volvieron a subir y encarecen el financiamiento para todos los emergentes. Pero el comportamiento relativo de los bonos argentinos muestra que el deterioro no puede atribuirse únicamente a Wall Street: mientras la deuda emergente mostró movimientos mucho más acotados, los títulos argentinos volvieron a quedar rezagados.
A eso se suma el frente de las reservas. El BCRA redujo sensiblemente el ritmo de compras pese a la liquidación del agro: en septiembre llegó a promediar apenas USD 14 millones diarios y las reservas registraron bajas en 10 de 11 ruedas, otra variable que las mesas siguen de cerca para evaluar la capacidad del Tesoro de afrontar los vencimientos sin acceso pleno al mercado.
Para Caputo, el desafío ya no pasa solamente por atravesar los próximos pagos. El mercado empezó a mirar qué ocurrirá después de las elecciones y el cálculo de Max muestra que esa discusión ya entró en los precios: desde julio, los bonos asignan menos probabilidad a la continuidad del actual Gobierno y exigen una prima cada vez mayor para financiar al Tesoro.