“No es contra nadie ni estamos cambiando el nombre, sino que en realidad estamos recuperando su nombre original, ya que la identificación oficial de canal es LS 82 TV Canal 7”, intentó justificar lo obvio un allegado a Carlos María Curci González, el actual interventor de RTA y exvocero de la Sociedad Rural Argentina. Más allá de la argumentación, el archivo los condena: en febrero pasado, el por entonces jefe de gabinete Manuel Adorni, había adelantado que le iban a cambiar el nombre a la señal estatal. Cuando el periodista de Infobae le preguntó por qué no se iba a llamar más TV Pública, Adorni solo atinó a responder “porque no”. Y cuando se le consultó si era porque el nombre era “kirchnerista”, agregó: “Puede ser, puede ser. Igual, todo lo que sea cartelería con contenido ideológico (?) dimos la orden de retirar”.
La “renovación” del canal, entonces, solo se limitará al paquete visual gráfico de la pantalla, incluido el cambio de nombre a Canal 7 y del logo que lo identifica. Nada más. Apenas un rebranding estético, sin grandes cambios en la programación ni en los contenidos de la señal que, bajo la gestión libertaria, se convirtió en una pantalla que se ofrece al mejor postor. Esto es: se abastece de coproducciones, en los que el canal pone los estudios, la técnica y el aire, y los productores externos se hacen cargo de la artística. Los programas de chimentos y los magazines de contenido pasatistas y livianos pasaron a formar parte constitutiva de su grilla.
Y el futuro de la programación no parece estar muy alejada de esa idea general que la intervención -renovada una y otra vez- de La Libertad Avanza le imprimió a la pantalla pública. Según pudo averiguar Página/12, antes de fin de año se estrenará en la TV Pública un magazine matutino -para la primera mañana- conducido por el “Tucu” López y Jimena Cyrulnik, con Marcos “El Bicho” Gómez, y un ciclo sobre el mundo animal animado por María Eugenia Molinari y Melina Brizuela. También hay posibilidades de que se sume a la pantalla una suerte de late night con Roberto Pettinato al frente, aunque aún no está cerrado ese contrato y por ahora solo se trata de una intención.
A 75 años del nacimiento de la TV Pública, en un aniversario que podía ser motivo de celebración, el gobierno se empecina en lidiar su propia “batalla cultural” modificando su nombre, como si tal cosa podría borrar un pasado siempre arraigado al sentir argentino. Una decisión que pinta en detalle la lógica con la que la actual gestión piensa los medios públicos, a los que por ahora solo ajustó y sirvió para darle lugar a amigos, como fue el caso de Marcelo Grandío, el íntimo de Adorni con varios contratos con el Estado mientras este tuvo a su cargo RTA. ¿No hubiera sido más eficiente y necesario para la sociedad argentina invertir el dinero que se gastó en el rebranding de la señal estatal en la producción de más y mejores contenidos? Un interrogante que no tiene en cuenta que el absurdo forma parte de este gobierno.