La UBA atravesaba entonces una etapa de fuerte crecimiento. La autonomía, el cogobierno y la articulación entre investigación, enseñanza y compromiso social habían convertido a la institución en una referencia regional. La Facultad de Ciencias Exactas ocupaba un lugar destacado en ese proceso, con una creciente actividad científica y la formación de nuevos investigadores.
El 29 de julio, el Gobierno firmó el decreto que intervenía las universidades. Los Consejos Superiores y Directivos fueron disueltos, rectores y decanos quedaron bajo la autoridad del Ministerio de Educación. Los directivos de la UBA rechazaron la medida y en Ciencias Exactas se realizó una asamblea que resolvió resistir pacíficamente. La represión no tardó en llegar.
Entre quienes estaban esa noche en la facultad se encontraba Warren Arthur Ambrose, un matemático estadounidense que por entonces era profesor de la Universidad de Buenos Aires y se lo consideraba como uno de los padres de la geometría moderna. Fue brutalmente reprimido por la policía y, al día siguiente, envió una carta a The New York Times para relatar lo ocurrido. El diario norteamericano publicó su testimonio, en el que describió la violencia ejercida contra estudiantes, docentes e investigadores y pidió a sus lectores que enviaran telegramas de protesta al presidente Onganía.