El apuro de la Casa Blanca tiene números concretos que duelen en la billetera de los votantes. La guerra en el Golfo descontroló los surtidores de nafta y empujó la inflación estadounidense hasta un alarmante 3,8% el mes pasado. Este combo económico, sumado a que el conflicto es profundamente impopular, hundió la imagen presidencial a su peor momento histórico, tocando un piso de entre el 34% y el 37% de aprobación en las encuestas.
Este desplome encendió todas las alarmas de cara a las elecciones legislativas de noviembre. El Partido Republicano pone en juego el control del Congreso y, con él, la gobernabilidad de toda la segunda mitad del mandato de Trump. Perder las mayorías a manos de los demócratas no solo trabaría las leyes, sino que le abriría la puerta a una reactivación de juicios políticos contra el presidente y sus funcionarios.
Para intentar retener el poder, el mandatario necesita volver urgente a las bases. Aunque minimizó los comicios en su última reunión de gabinete, la realidad es que el electorado que lo llevó a la presidencia se siente desencantado. Trump ganó prometiendo su famoso "America First", jurando que iba a dejar de involucrarse en guerras lejanas para fortalecer la economía local. Ahora, la única forma de acomodar ese relato es firmar la paz en Medio Oriente y enfocarse otra vez en los problemas internos.