Un dato no menor tiene que ver con que dicho descenso económico impacta más fuerte en sectores medios y empleos protegidos, porque “implica una ruptura de expectativas previas”, precisó el informe al que accedió este medio. De hecho, su asociación con la desesperanza aparece con más claridad en los estratos medios y en las inserciones laborales más protegidas.
El nivel más alto se observó entre quienes perciben descenso económico y, además, consideran que las nuevas generaciones tendrán menos oportunidades. En este grupo, el sentimiento de desesperanza alcanzo al 20%. En contraste, entre quienes no perciben descenso y mantienen expectativas favorables hacia el futuro, la desesperanza se redujo al 8,6%. Es decir que “la combinación de deterioro económico y expectativas negativas hacia el futuro configura los escenarios de mayor desesperanza”, se indicó en el informe.
Por último, en los sectores más vulnerables, la desesperanza tiende a mantenerse elevada aun cuando no se perciba descenso intergeneracional. Esto indicaría que “el malestar no depende sólo de la comparación con los padres, sino también de condiciones estructurales persistentes de privación, inseguridad laboral y falta de recursos”, alertaorn.